Lo básico

Tejido: Primer secreto: traje suele ser sinónimo de lana. Y no nos referimos al tweed. Vaya a su armario y eche un vistazo a sus chaquetas: si son de buena calidad, y si llevan más de tres temporadas en su ropero, tenga por seguro que serán de lana, aunque no lo parezcan. Eso no quiere decir que haya otros materiales posibles, como el algodón o el lino. Estos últimos sonarán muy bien en su cabeza, y de hecho son más frescos para el verano, pero tenga en cuenta que se arrugarán con más facilidad. Así que, en caso de duda, elija lana, disponible tanto en tejidos pesados como ligeros.
Color: la estadística dice que utilizará más los trajes azul oscuro gris oscuro, pero es posible que el vendedor le hable maravillas acerca de la conveniencia de hacerse con un traje de cuadros o con una misteriosa tonalidad de marrón rojizo. No le decimos que se ciña al clasicismo, pero piense que un motivo gráfico original siempre es más fácil de defender en una chaqueta que en un traje completo.
Así se ajustaba la corbata Cary Grant en los años cuarenta / COURTESY EVERETT COLLECTION 

Pantalón

El duque de Windsor, en 1938. La forma en la que cae el pantalón sigue siendo vigente
Cintura de pantalón: Es lo primero que hay que probar. Para saber si se adapta bien, piense que el pantalón debe mantenerse en su sitio sin necesidad de cinturón y sin apretar excesivamente.
Longitud de pantalón: Depende de la amplitud de la pernera. Los pantalones más estrechos se suelen llevar más cortos, y los más espaciosos pueden jugar con largos más generosos. La ortodoxia dice que un pantalón de corte normal tiene que plegarse un poco en el empeine y llegar hasta la mitad de la parte trasera del zapato. Si tiene veleidades ciclistas y/o hipsters y prefiere llevarlo entallado y corto, recuerde que un pantalón largo tiene que ser un pantalón largo. Tenga cuidado con las vueltas.

La chaqueta

Colin Firth en la nueva película ‘Kingsmen’

Caída de la chaqueta: la chaqueta debe ajustarse a los hombros y caer recta desde ellos. Si es más ancha de lo debido le hará aparentar hombros caídos o, peor aún, hombrera (depende de la rigidez). Si se queda corto resultará demasiado estrecha y generará pliegues insospechados e incontrolables, además de una sensación de incomodidad.
Ajuste de la chaqueta: pruebe a abrocharse la chaqueta. Si no queda tirante, no genera pliegues y puede pasar la mano entre la camisa y la chaqueta sin meter tripa, será la medida más correcta según las normas de la sastrería. Hace unos años se puso de moda un corte más entallado que crea pliegues en torno al botón –la famosa X– y que sigue aún vigente entre muchos hombres, así que no seremos nosotros quienes la critiquemos (mentira). Otros elementos en que deberá fijarse: ¿puede mover los brazos sin dificultad? ¿El cuello queda pegado a la camisa por la parte trasera, sin hueco? Todo correcto.
Largo de la chaqueta: con la chaqueta puesta y abrochada, deje caer los brazos rectos. Ahora mírese al espejo: el bajo de la chaqueta debería quedar a la altura de los nudillos; la manga tendría que llegar hasta la muñeca y dejar sobresalir un centímetro aproximadamente de la manga de la camisa. Además el botón principal debe quedar por encima del ombligo.
Estos son los principales requisitos que debe mostrar su traje a medida.

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